Investigaciones publicadas en Nature analizan restos de más de 200 cánidos y confirman que los perros ya se distribuían ampliamente por el oeste de Eurasia hace más de 14.000 años, vinculando su expansión con las migraciones humanas.
Dos investigaciones publicadas en la revista Nature el 25 de marzo han ampliado significativamente el registro genético sobre la domesticación canina. Los estudios, que analizaron 216 restos de cánidos —principalmente de contextos pre-neolíticos europeos—, confirman que los perros domésticos ya estaban presentes y se distribuían por el oeste de Eurasia miles de años antes de lo que indicaban algunos estudios previos.
El trabajo titulado «Genomic history of early dogs in Europe», liderado por investigadores de la Universidad de East Anglia y el Instituto Francis Crick, logró analizar 141 muestras con ancestría claramente identificable como perro. El ejemplar más antiguo examinado, proveniente del yacimiento de Kesslerloch en Suiza, data de aproximadamente 14.200 años atrás, según datación por radiocarbono. Hasta ahora, el registro genético más antiguo de un perro doméstico se ubicaba en torno a los 10.900 años.
Para superar el desafío de la escasa preservación del ADN —el 79% de las muestras tenía menos de 1% de material genético endógeno—, los científicos desarrollaron una técnica de captura genómica que enriqueció el ADN entre 10 y 100 veces.
El análisis del genoma del perro de Kesslerloch reveló una ascendencia compartida con perros de otras regiones, lo que indica que la diversificación genética de los perros domésticos comenzó antes de los 14.200 años y que no derivaron de un proceso independiente de domesticación en Europa. «El proceso fue a gran escala y dramático», afirmó Anders Bergström, coautor del estudio.
Una segunda investigación, que examinó genomas de perros hallados en sitios de Turquía, Inglaterra y Serbia, concluyó que estos animales pertenecían a una población que se expandió por la región entre 18.500 y 14.000 años atrás. Sus restos se asocian a grupos de cazadores-recolectores genética y culturalmente distintos, sugiriendo que la dispersión de los perros domésticos está vinculada con la migración y la interacción entre esas comunidades humanas.
«La propagación de estas poblaciones caninas entre grupos humanos cultural y genéticamente distintos debió haber sido extremadamente rápida», sostuvo Lachie Scarsbrook, investigador de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich.
Los estudios también identificaron una influencia genética proveniente del suroeste asiático en algunos perros europeos del período Neolítico, un fenómeno que podría reflejar migraciones durante la expansión de la agricultura. Los perros fueron el único animal doméstico presente en Europa antes de la llegada de la agricultura, y aunque su función exacta en aquellas sociedades aún se desconoce, los investigadores estiman que «resultaban útiles para las comunidades de cazadores-recolectores».
En conjunto, ambos trabajos ofrecen evidencia genética sólida sobre la presencia temprana y la dispersión de los perros en Europa, aportando nuevos elementos para comprender las migraciones de las poblaciones humanas antiguas.
